Corrupción renovable    

By: psr | 2008-10-26

Leo en el periódico económico “Expansión” del 24 de Octubre de 2008 que el Ministerio de Industria investiga un gran fraude en energías renovables.

Vaya sorpresa. ¿Acaso el Ministerio se chupa el dedo?

El ansia de fomentar a toda costa las renovables, de forma casi obsesiva, ha llevado a los gobiernos a ofrecer subvenciones jugosas a cualquier intento de investigación o producción de energías renovables. Todo esto ha estado enmarcado, por supuesto, en el dogma de la culpabilidad humana del cambio climático que debe llevarnos (a los humanos) a cambiar nuestros hábitos.

¿Cómo plasmar ese cambio? Dedicando dinero público a espuertas en subvenciones a empresas privadas para que puedan montar negocios con fuentes de energía (eólica, solar, biocombustibles) que supuestamente ayudarán al planeta.

Hay dos problemas de base en esa política:

  1. Es una sandez pensar que esas fuentes de energía pueden suponer un porcentaje significante del aporte energético necesario, teniendo en cuenta la tecnología existente hoy.
  2. Es otra sandez pensar que el dinero público va a fomentar la iniciativa privada. Lo único que fomenta es la corrupción.

Era de esperar que haya fraude en las solicitudes de subvenciones: En primer lugar, las empresas lo ven como una fuente de ingresos más, no como una ayuda. En segundo lugar, estas energías renovables no son rentables por sí solas (con la tecnología actual). Por esta razón las empresas serias, que podrían desarrollar un trabajo serio y productivo, no van a acudir a estas subvenciones.

Sin embargo, el Gobierno debe gastarse ese dinero, por varias razones:

  • Es un dinero presupuestado siguiendo el dogma del cambio climático, y el dogma trae votos; hay que financiar el dogma.
  • Los políticos quieren darse buena imagen pública diciendo que defienden el planeta, y quieren decir que emplean mucho dinero en ello.
  • El dinero para esas subvenciones está en los presupuestos, y un presupuesto jamás debe quedarse sin gastar. Hay que gastarlo aunque sea para algo inútil, o si no al año siguiente ese director verá su presupuesto reducido, al igual que su propia importancia.

Las empresas-sabandija están dispuestas a aprovecharse de ese dinero que hay que gastar aunque no haya un proyecto real para darle un buen uso. Sólo hay que justificar ante el Ministerio de Industria una serie de planes de actuación que concuerdan con el dogma, o bien que concuerden con el bolsillo de quien concede las subvenciones, y la subvención se consigue fácilmente.

Resultado: fraude garantizado a la gente que paga sus impuestos con su trabajo. Montones de dinero público han ido a parar a manos privadas sin beneficio alguno para el público general.

Si el gobierno quiere eliminar el fraude, y quiere hacer algo útil por el planeta, debería hacer una política energética decente, eliminando subvenciones que sólo son caldo de cultivo de corrupción, dando prioridad de nuevo a la energía nuclear, y fomentando el respeto por la naturaleza por otras vías (no “luchando contra el cambio climático”).

Sin desmantelar el sistema de subvenciones, la energía se quedará en el camino para mantener el sistema de corrupción renovable y renovada.

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