Protección exagerada de la privacidad
By: psr | 2007-09-15Hoy he leído en las noticias que Google defiende un estándar global sobre “privacidad” de datos a nivel global. Un representante de Google se ha reunido con la UNESCO para tratar el tema.
Está claro que para Google, las leyes de protección de datos (LPD) pueden suponer una barrera en su modelo de negocio. Igual sucede a varias organizaciones similares: Yahoo, Altavista, LinkedIn, Facebook y tantos otras cuyo negocio es la gestión de información, promoción de publicidad dirigida, o la recolección de información personal para personalizar servicios para sus clientes.
En ocasiones estas empresas reciben críticas por prestar poca o nula atención a los intereses de sus clientes y usuarios en lo que respecta a la protección de datos personales. Sin embargo, tales críticas carecen de fundamento.
La Internet proporciona grandes beneficios a empresas y personas. Entre las “utilidades” clave que hacen la Internet muy útil y atractiva se encuentran precisamente los servicios que las empresas arriba mencionadas ofrecen (sean gratis o de pago)
La relación de ventajas no está discutida: comunicación eficiente y rápida, acceso inmediato a grandes cantidades de información de casi cualquier tema, y la posibilidad de encontrarla, personalizada según gustos personales.
Google, Yahoo y otras empresas suelen recibir críticas por recopilar, almacenar y utilizar información sobre sus usuarios, sin su conocimiento o consentimiento. Dicen también que estas empresas pueden leer el email de sus usuarios o seguir la pista del uso y las costumbres de un usuario, y en resumen pueden controlar lo que la gente hace en Internet o en sus vidas personales.
Estas acusaciones son muy enclenques: las interacciones sociales o de negocio, sea en Internet o en la vida real, implican inevitablemente que una parte obtenga alguna información acerca de la otra. Si tomo prestado un libro de la biblioteca, el bibliotecario ve lo que estoy leyendo; si compro alimentos de un supermercado, el cajero sabe lo que como; si hablo con amigos sobre la vida cotidiana, ambos obtenemos información de las costumbres del otro.
En otras palabras, la “privacidad” es sólo una utopía.
Gracias a los ordenadores, la información obtenida de tales interacciones se puede almacenar y procesar de forma automática. Esta es la única diferencia entre las interacciones personales, sociales y profesionales en la era de Internet y las interacciones fuera de Internet.
Es cierto que en la Internet la “privacidad” es más difícil de mantener o de asegurar. No obstante, esto no es razón suficiente para tener una legislación que proteja la privacidad. ¿Por qué tiene que el estado que proteger la privacidad del individuo? La única medida efectiva para proteger su privacidad o su intimidad está en las manos del propio individuo: Depende de cada persona el decidir si desea compartir información con empresas u otras personas. Existen mucho servicios hoy en día que solicitan de sus usuarios mucha información personal y privada para poder acceder a usar esos servicios, pero nadie está obligado a utilizar esos servicios, y por siguiente no hay obligación de divulgar información privada.
Las críticas a Google por recopilar información de sus usuarios es demagogia malintencionada: Si una empresa publica su política de privacidad, uno es libre para no utilizar sus servicios si discrepa de la política de privacidad. La vida era posible antes de que Google existiese. Nadie está obligado a utilizar Google o similares.
Una vez que compartimos nuestra información “privada” (en Internet o fuera de ella), es cuasi-imposible controlar su uso o divulgación por parte de otros. Este es un hecho que todos debemos aceptar, por incómodo que sea.
Por lo tanto, el debate sobre la privacidad en servicios on-line es endeble. No se puede alcanzar la utopía. Los modelos de negocio basados en el tratamiento de información personal serían impracticables si hubiese que preservar la privacidad por encima de todo. Sin embargo, aunque la privacidad no debe someterse a intereses económicos, los servicios y beneficios que esos negocios han traído al gran público sí merecen disminuir la importancia de la privacidad.
De hecho se trata sencillamente de un asunto de equilibrio entre el nivel de “privacidad” deseado, y el nivel de interacción y relación con el resto de personas o con empresas. No se puede tener todo.
Las legislaciones de protección de datos personales o de privacidad sería útil si realmente evitase el fraude, el robo de identidad y otros delitos, pero no es así. Actualmente representa únicamente un impedimento para el desarrollo de las personas y de las empresas, sin aportar valor alguno. La gente no está más protegida con estas leyes. En España, por ejemplo, existen grandes empresas que presupuestan dinero anualmente para pagar las multas por incumplimiento de la ley de protección de datos personales que preven recibir. Es más barato pagar las multas que cumplir la ley. Esto demuestra que la ley es inútil en proteger datos, y sirve únicamente como instrumento de cobro de multas para el Gobierno.
Por consiguiente, Google tiene razón en abogar por unos estándares mínimos y globales para la protección de la privacidad [Referencia]:
- El aspecto global es imperativo: En una Internet global, cualquier regulación que no sea global es automáticamente inútil. Hemos visto cómo el phishing, spam, y otras plagas florecen entre las brechas existentes entre legislaciones de diferentes países.
- El aspecto de mínimos es también capital: Los Gobiernos sólo deben intervenir para prevenir conductas abusivas, pero deben abstenerse de intentar proteger a la gente en aquello que es precisamente particular o privado. Como expuse anteriormente, la privacidad es ante todo una cuestión personal, y la mejor forma de protegerla es desde el dominio personal. La legislación se debe concentrar en un conjunto mínimo de requisitos, y debe definir sanciones claras y duras para los infractores.
En su forma actual, las leyes de protección de datos y de privacidad son una mala idea burocrática más, nacida de buenas intenciones, pero que intenta resolver el problema con una mala solución.
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