La industria discográfica cambiará
By: psr | 2007-04-02Las grabaciones de sonidos no eran posibles antes del 1878. Hasta entonces no existía una industria alrededor de las grabaciones sonoras. Años después de que se inventase la grabación, empezaron a aparecer negocios para distribuir y vender grabaciones de música y voz.
Los compradores de música grabada estaban interesados en la música, y no necesariamente en el soporte físico necesario para grabar música (cilindros de cera en un principio, discos de vinilo más tarde, y cintas magnéticas y discos compactos más recientemente). Sin embargo, para obtener una copia de esa música, precisaban adquirir el cilindro de cera.
Tal modelo de negocio estaba fundamentado en la necesidad de utilizar un medio físico para distribuir la música, el cual sólo se podía fabricar mediante procesos complejos y caros no disponibles para un comprador de música.
Así creció la industria discográfica, basada en la venta de piezas de cera, plástico o cinta magnética.
Sin embargo, la propia razón de ser de esta industria ha desaparecido ahora: ya no es necesario utilizar un medio físico para distribuir música. Los avances científicos que llevaron a la invención de la grabación sonora han continuado su evolución y permiten ahora hacer copias de grabaciones sonoras sin apenas coste.
Los nuevos soportes físicos, comenzando con el disco compacto, comenzaron a utilizar almacenamiento digital de los datos que representan sonidos. La representación digital de la información fue diseñada para hacer que la información se pudiese copiar de forma fácil y barata, puesto que tenía como objetivo conseguir la transmisión de información de forma precisa, fiable y eficiente.
Para la industria fonográfica, esto significa el fin de su modelo de negocio: Los soportes físicos ya no son un canal necesario para la distribución de grabaciones sonoras; sigue siendo válido, pero no es el único, como solía ser.
Por lo tanto, la industria creada en torno a la venta de soportes físicos grabados (casas discográficas, tiendas de discos, etc…) necesariamente verán sus negocios alterados por el entorno cambiante. Aunque creo que seguirá existiendo un mercado amplio para la venta tradicional de CDs y álbums, la industria tiene que aceptar el hecho inevitable de no poder evitar las copias; no es posible ser el propietario en exclusiva del canal de distribución.
De hecho, la industria fonográfica explota un segundo modelo de negocio: La gestión de los derechos sobre las grabaciones en sí, cobrando por emisión en público de música grabada, por actuaciones en directo, por el uso de la música en publicidad, en películas, etc. Igualmente, los soportes físicos se venden para uso exclusivo en privado, y los derechos de cualquier uso que no sea el privado de la música grabada son propiedad de la casa discográfica.
Junto con la industria discográfica, la asociación de propietarios de copyright (la Sociedad General de Autores y Escritores, SGAE) ha convencido a los gobiernos de España para que establezcan una legislación que obligue al pago de una cuota a los fabricantes o distribuidores de equipos electrónicos susceptibles de utilizarse para hacer copias de música, para compensar a los autores de esa música (y otras formas de propiedad intelectual) por los ingresos no recibidos por los discos no vendidos, por las copias que la gente realizaría utilizando esos equipos.
En otras palabras: los discos duros, CDs, DVDs, tarjetas de memoria para cámaras fotográficas, reproductores de música, etc… se venderán con su precio incrementado con una cuota, obligada por ley para pre-juzgar al comprador de esos equipos como culpable de realizar copias ilegales de material con copyright. La gente recibe un trato de delincuentes, porque una asociación de autores y las casas discográficas pretenden mantener vivo un modelo de negocio irremediablemente destinado a desaparecer. El modelo de negocio de la venta de grabaciones sobre soporte físico no es sostenible: el entorno de ese modelo de negocio ha cambiado, obligándolo a cambiar o morir.
La obligación de que la gente pague por música que no iba a comprar es sencillamente un robo; es el deseo de unos pocos de ganarse la vida sin hacer nada; es un impuesto para apoyar a un pequeño grupo de personas que ven su vida amenazada por la sucesión natural de eventos; es la resistencia al cambio. Resistirse al cambio es antinatural. O, como sabiamente dijo un guardia Vogon, “Es inútil resistirse!”.
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